Ir al contenido principal

Los niños y la ansiedad: cuándo es normal y cuándo se debe buscar ayuda

Alice Gomstyn Por Alice Gomstyn

El primer día en la escuela. La primera vez en la piscina. Un encuentro sorpresivo con un perro gigante.

Muchas situaciones pueden hacer que un niño se sienta nervioso e incómodo. ¿Pero cómo saben los padres cuándo un niño sufre de ansiedad al punto de necesitar atención de profesionales? A continuación, le explicamos la diferencia y cómo hacer que su hijo reciba la atención que necesita.

Cuándo la ansiedad de los niños es normal

Algún grado de ansiedad en los jóvenes es adecuado más que alarmante. “Es normal que los niños tengan miedos que vienen y van a lo largo de su vida”, explica Tamar Chansky, PhD, psicóloga y autora de Freeing Your Child from Anxiety (2014). “Por lo general, lo que sucede es que un niño se enfrenta a una situación nueva y necesita algo de tiempo para conocerla, analizarla y habituarse”. Un niño que nunca conoció a un perro, por ejemplo, puede sentir miedo de interactuar incluso con un cachorro amistoso.

A veces la ansiedad es útil: puede ayudar a niños y a adultos a explorar situaciones peligrosas. “Sentirse ansioso o preocupado es normal en todo ser humano. Si no sintió ansiedad cuando llegó al borde de un acantilado, su descendencia se extinguiría en ese momento”, dice la Dra. Deborah Gilboa, pediatra y experta en desarrollo infantil.

Gilboa agrega que la ansiedad puede ser beneficiosa incluso en situaciones sociales. Si un niño ve que se burlan de un amigo, por ejemplo, su ansiedad al ver ese maltrato puede impulsarlo a confrontar la situación y defender a su amigo. “Hemos llegado a un punto en la sociedad en el que pensamos que la ansiedad significa que hicimos algo mal como padres”, comenta Gilboa. “Pero hay determinadas circunstancias en las que espero que mis hijos se sientan ansiosos”.

Miedos típicos según la edad
Bebés y niños pequeños Separarse de los cuidadores, los extraños, los ruidos fuertes
2 a 3 años Animales, oscuridad, truenos y relámpagos, fuego, agua
4-5 Insectos, perderse, monstruos, muerte
5-7 Gérmenes/enfermedades, desastres naturales, escuela
7-12 Angustia de desempeño, situaciones sociales, ladrones y secuestradores, guerra

Cuándo los padres deben preocuparse por la ansiedad

Los expertos notan dos indicadores fuertes de la ansiedad clínica: evasión y angustia extrema. Beth Teliho recuerda cuando su hijo Sawyer, ahora de 10 años, comenzó la escuela primaria. Asistió feliz los primeros días. Pero luego Sawyer comenzó a sufrir “crisis” camino a la escuela. “Le era difícil respirar y lloraba diciendo: 'No puedo, no puedo'”, comenta Beth. “La mirada en su rostro era de desesperación, como si físicamente no pudiera ir a la escuela”.

El hijo de Sara Farrell Baker, August, de 5 años, tiene trastorno del espectro autista y tiene problemas de procesamiento sensorial. Al niño no le gustan los ruidos fuertes, especialmente la descarga de los inodoros y los secadores de manos que hay en los baños públicos. “Se angustia muchísimo si vamos hacia un baño”, comenta Sara. “Estar en un entorno donde se esperan ruidos fuertes le genera ansiedad”.

Los trastornos de ansiedad en la infancia se dividen en varios tipos, entre los que se incluyen generalizados, de separación, sociales y fobias específicas, según la Asociación por la Depresión y la Ansiedad (Anxiety and Depression Association) de los Estados Unidos. Si bien los diferentes trastornos se pueden manifestar de distintas formas, los siguientes son algunos de los síntomas más comunes:

  • Evitar actividades, situaciones o personas específicas.
  • Tendencia a preocuparse sobre lo que puede salir mal en una situación.
  • Preocupaciones o miedos que interfieren con las actividades diarias normales.
  • Angustia persistente a pesar del consuelo de un adulto.
  • Problemas para dormir de noche o insistencia para dormir con los padres.
  • Síntomas físicos, como dolor de cabeza o de estómago, que no parecen provenir de afecciones médicas.

Afortunadamente, la mayoría de los niños con diagnóstico de trastornos de ansiedad lo superan, siempre que vivan en entornos de apoyo y reciban el tratamiento adecuado. Obtenga más información sobre los signos de la angustia emocional, desarrollados por la Campaign to Change Direction (Campaña para cambiar de dirección), una iniciativa de conciencia sobre salud mental cofundada por Aetna.

Qué no hacer cuando un niño está ansioso

En algún momento u otro y con buenas intenciones, todos los padres cometimos el error de empeorar las cosas. Por ejemplo, desestimar rápidamente las emociones de un niño o etiquetarlas de “incorrectas”, explica Gilboa. “Estamos tan acostumbrados a guiar el comportamiento de nuestros niños que también intentamos guiar sus sentimientos”, dice. “Nunca funciona”.

Presionar a un niño para que se sienta de determinada manera puede hacer que esconda sus emociones reales y así hacer que sea más difícil reconocer la gravedad del problema. “Si nuestros hijos no pueden expresar sus sentimientos y saber que serán escuchados, nunca sabremos si sufren realmente de ansiedad que necesita atención”, comenta.

Otros padres quizá estén dispuestos a hacer que sus hijos se adapten simplemente evitando situaciones que disparen ansiedad. Eso también puede ser contraproducente. Cuando los niños dejan de ir a la piscina con amigos porque le tienen miedo al agua o evitan las pijamadas porque no se sienten cómodos en la oscuridad, esas limitaciones pueden sumar a su ansiedad. “Realmente es estresante no poder hacer las cosas que hacen los demás”, explica Chansky.

Si no recibe diagnóstico ni tratamiento, un niño con trastorno de ansiedad tiene mayor riesgo de participar en comportamientos peligrosos, como la autolesión, el abuso de sustancias y el acoso. “Desarrollan estrategias negativas de adaptación”, dice Gilboa.

Cómo abordar la ansiedad de los niños

El primer paso es reconocer la afección del niño para poder aprender más sobre ella. “Lo que sea que enfrenten nuestros niños, queremos que desarrollen estrategias positivas para superarlo”, indica Gilboa. “Nombrar el problema hace todo más fácil”.

Por lo general, se necesita de un profesional para ponerle un nombre al problema. Puede ser un psicólogo escolar, un pediatra o un terapeuta. El asesoramiento funcionó de maravilla para Sawyer. Tanto él como August ahora reconocen su ansiedad y usan tácticas creativas para superar situaciones intimidantes.

Si es miembro de Aetna, los médicos de atención primaria realizan exámenes de detección de trastornos mentales. El tratamiento para la ansiedad está cubierto en el programa de salud del comportamiento de Aetna.

Al igual que varían los síntomas de la ansiedad, también varían las opciones de tratamiento. Terapia o medicación son dos de las opciones para tratar a los niños. Algunos encuentran alivio en ejercicios de consciencia o en dibujar.

La hija de Kathryn Leehane, Mara, ahora de 14 años, sentía dolores de estómago en la escuela intermedia y tenía ataques de llanto cuando debía hacer la tarea. Su diagnóstico de ansiedad trajo alivio. “Mara se sintió validada porque sabía que algo estaba pasando”, comenta Kathryn. “La ayudó escuchar que era algo real y que alguien le dijera: 'Esto es lo que podemos hacer para ayudarte'”.

Sobre la autora

Alice Gomstyn es bloguera sobre crianza y periodista comercial veterana. Se confiesa adicta al azúcar, pero planea reducir el consumo de dulces y comenzar a comer vegetales como nunca lo ha hecho. ¡Vamos por el brócoli!