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Cómo hablar con sus hijos sobre el abuso de los medicamentos con receta

Colin Por Colin Groundwater

“Por lo general, los adolescentes tienen la sensación de que eso no les va a pasar”, afirma Lynne Kain, administradora de casos de Aetna que asesora a jóvenes que consumen drogas. Kain conoce el impacto negativo que la adicción tiene sobre las familias, sabe lo importante que es para los padres hablar con sus hijos sobre los medicamentos con receta. “Soy muy abierta con mis dos hijos adolescentes”, dice. “Saben qué tipo de trabajo hago, y hablamos sobre cómo las drogas pueden afectar cada ámbito de la vida”.

Sin embargo, para los padres, hablar de drogas por lo general es intimidante. Con los informes de noticias sobre la epidemia de abuso de opioides en Estados Unidos, puede parecer que el problema no tiene fin: actualmente, los medicamentos con receta son la principal causa de adicción y sobredosis. Además, 1 de cada 5 estudiantes del último año de preparatoria ha tomado algún medicamento con receta por un motivo no médico.

Sin embargo, hay motivos para mantener un optimismo cauteloso. Se han tomado medidas para prevenir la adicción a los opioides, y eso tuvo como resultado una disminución del 45 % en los últimos años en el consumo de analgésicos opioides en adolescentes. La conclusión: los padres pueden marcar una diferencia. Como parte del compromiso de Aetna de reducir a la mitad el uso indebido de opioides en los próximos cinco años, esta es nuestra guía para padres sobre el consumo de opioides en adolescentes.

¿Qué son los opioides?

Hasta hace poco, el término “consumo de drogas” generalmente se refería a sustancias ilegales, como la cocaína, la heroína o la metanfetamina. En la actualidad, los adolescentes son más propensos a desarrollar una adicción a los medicamentos recetados, sobre todo a los analgésicos. Los opioides son una clase de analgésicos altamente eficaces que contienen oxicodona (nombres de marca: OxyContin, Percocet), hidrocodona (nombre de marca: Vicodin) y fentanilo. Muchas veces, a los adolescentes les recetan opioides después de procedimientos dentales (como la extracción de muelas del juicio) y lesiones deportivas.

Sin embargo, los opioides recetados tienen desventajas que los hacen propensos a la adicción. Pueden producir sentimientos de euforia, al igual que sus parientes: la heroína y la morfina. Y su eficacia se desvanece rápidamente. En unos meses, un paciente puede llegar a tomar dosis altas para sentir el mismo alivio que les daba la dosis original, lo cual constituye un peligro.

Si a su hijo le recetan opioides para aliviar el dolor después de una lesión o una cirugía, es importante estar al tanto de los hechos y desempeñar una función activa en su recuperación. A continuación, le explicamos cómo hacerlo:

Hable con franqueza con el médico, el dentista o el farmacéutico de su hijo.

Ningún padre quiere ver a su hijo sufrir. Para asegurarse de que el suyo reciba el tratamiento postoperatorio adecuado, hable con su proveedor de atención de salud. Pregúntele sobre el tiempo de recuperación estándar para el procedimiento que le hicieron a su hijo, cuántos medicamentos se necesitan, y cuándo debe dejar de tomarlos.

Conozca las opciones para aliviar el dolor

Los analgésicos opiáceos casi nunca son necesarios después de la extracción de las muelas del juicio, según el Dr. Dave Thomas, administrador de investigación de la salud en el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas. “Los antiinflamatorios no esteroides funcionan igual de bien, o mejor, en esos casos”, dice. La Asociación Dental Americana también recomienda principalmente antinflamatorios no esteroides simples, como el ibuprofeno, para el tratamiento del dolor después de los procedimientos dentales.

Las técnicas alternativas para el control del dolor pueden aumentar la eficacia de los medicamentos de venta libre, sobre todo en los jóvenes. Algunas opciones son las bolsas de hielo, las distracciones (videojuegos, TV), los masajes, la atención plena e, incluso, recibir cariño y cuidados. (Obtenga más información sobre cómo las emociones influyen en la recuperación).

Hable con sus hijos

Comunicarse con los adolescentes no siempre es sencillo. Escoja un momento en el que ambos estén relajados y concentrados. Proponga algunos temas para asegurar la conversación. Por ejemplo:

  • Explique los peligros con calma. Muchos adolescentes suponen que los medicamentos que receta un médico y que provienen de una farmacia son seguros. Pero los opioides representan riesgos especiales. La diferencia entre la dosis recetada y una sobredosis puede ser mínima. Los opioides también afectan gravemente la capacidad para conducir. Y es difícil para los médicos y los pacientes saber cuándo el uso normal pasa a ser una adicción, hasta que intentan dejar de tomar el medicamento. “Allí es cuando se dan cuenta de que tienen un problema”, dice Kain acerca de los adictos con los que ha trabajado. “Nunca habían intentado dejarlos antes y pensaron que era solo un consumo ‘recreativo’ hasta ese momento”. Citar ejemplos de celebridades puede ayudar a los adolescentes a comprender la gravedad del problema, según la Dra. Diane Tanaka, directora médica del Área de Salud para Adolescentes y Adultos Jóvenes del Children’s Hospital of Los Angeles. El músico Prince y el actor Heath Ledger murieron por sobredosis accidentales de opioides recetados.  
  • Pídales encarecidamente que no compartan los medicamentos. “Nunca tomes los medicamentos de otra persona, y nunca les des tus medicamentos a otros”, dice Tanaka. La dosificación es totalmente personal: lo que es seguro para una persona podría ser peligroso para otra. Y los opioides pueden ser mortales cuando se mezclan con otros medicamentos corrientes, como los medicamentos contra la ansiedad y el insomnio.  
  • Utilice sus propias palabras, no clichés. “Creo que las expresiones para captar la atención, como ‘Just say no’ (‘Simplemente di que no’), están desactualizadas con los adolescentes de hoy”, dice Kain. “Los hechos y los ejemplos concretos resuenan más y demuestran que usted respeta la inteligencia de su hijo”.

Lleve el control de los analgésicos que toma su hijo

No se les debe permitir a los adolescentes controlar los analgésicos que toman, ni siquiera a los más responsables ni a aquellos que administran sus medicamentos para otras afecciones. “Los padres deben supervisar rigurosamente el consumo de opiáceos, deben conservar ellos el envase en todo momento y administrar el medicamento solo cuando sea necesario”, dice el Dr. Harold Paz, director médico de Aetna. Guarde las píldoras en un lugar seguro que no sea de fácil acceso, como una caja de seguridad o un cajón con cerradura.

Sepa qué hacer con la medicación que sobra

Los médicos y dentistas suelen recetar más medicamentos de los que serán necesarios durante la recuperación. Esta práctica se considera un factor importante que contribuye a la crisis con los opioides. Los padres deben evitar dejar las píldoras que sobran en el botiquín.

“Los medicamentos que no se utilizan deben desecharse de inmediato para evitar el consumo indebido”, dice el Dr. Paz. “Muchas farmacias permiten devolver el exceso de píldoras. Y, a diferencia de muchos medicamentos, los opioides no dañan el suministro de agua, por lo que la Administración de Alimentos y Medicamentos y la Agencia de Protección Ambiental autorizan tirarlos al inodoro”. Los departamentos de policía locales y las facultades de farmacia pueden recoger los analgésicos sobrantes.

Si el médico o el dentista recomiendan analgésicos opiáceos para su hijo adolescente, es posible consumirlos de manera segura. Colabore con su médico para cerciorarse de que su hijo tome la menor cantidad posible de analgésicos durante el período más corto que sea necesario. Hable con sus hijos sobre los peligros de los medicamentos con receta. Y deshágase de los analgésicos que sobraron tan pronto como sea posible.Obtenga más información sobre el compromiso de Aetna para combatir la adicción a los opioides.

Sobre la autora

Colin Groundwater es un escritor de Nueva Jersey que vive en Brooklyn. Está entrenando para correr medio maratón.

Sobre la autora

Colin Groundwater es un escritor de Nueva Jersey que vive en Brooklyn. Está entrenando para correr medio maratón.