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Más grave que la melancolía de la maternidad: cómo reconocer y recuperarse de la depresión posparto

Alice Gomstyn Por Alice Gomstyn

Una madre primeriza que irradia alegría, con el hermoso recién nacido durmiendo en sus brazos. Esa imagen representa lo ideal: que el nacimiento de un niño trae alegría absoluta a la vida de una mujer.

Sin embargo, para algunas madres, la vida con un recién nacido no es nada feliz. Hay mujeres como Raivon, que no podía dejar de llorar, abrumada por la sensación de que era un fracaso como madre; como Jessica, que apenas dormía y se enojaba por cualquier motivo; como Nicole, que consideraba que todos los días eran una batalla solitaria por la supervivencia mientras luchaba por vincularse con su bebé; como Madeleine, que dejó la mayoría de las tareas de cuidado del recién nacido a su esposo y a la enfermera; y como Lynn, a quien la acosaban visiones aterradoras en las que ella lastimaba a su recién nacido. Todas estas mujeres sufrieron un trastorno que afecta a una de cada ocho madres: la depresión posparto.

¿Qué es la depresión posparto?

La depresión posparto, también denominada “depresión periparto”, se diagnostica a menudo dentro de las primeras cuatro semanas del nacimiento de un niño, pero puede diagnosticarse hasta seis meses después. Por lo general, el trastorno se relaciona con las mujeres, pero 1 de cada 10 padres primerizos también lo padecen.

Es diferente de la “melancolía de la maternidad”, que muchas madres sufren después del parto por hasta dos semanas. “La melancolía de la maternidad se parece más a estar un poco preocupada o tener sentimientos encontrados sobre ser madre primeriza, y tener algunos problemas para comer o dormir”, explica la Dra. Gabriela Cora, psiquiatra avalada por la junta médica y directora médica de salud del comportamiento de Aetna.

Sin embargo, los síntomas de la depresión posparto son mucho más graves y duraderos. Son los mismos síntomas que la depresión tradicional, pero incluye síntomas relacionados específicamente con cómo es la vida con un recién nacido, como los siguientes:

  • Sentirse mal, llorar frecuentemente o no poder sentir placer.
  • Cambios en los patrones de alimentación y de sueño.
  • Fatiga intensa o incapacidad de quedarse quieta.
  • Ansiedad intensa o ataques de pánico.
  • Sentimientos de impotencia, desesperanza o vergüenza.
  • Problemas para relacionarse con el bebé o tener miedo de ser una mala madre.
  • Dificultad para pensar con claridad.
  • Pensamientos sobre lastimarse o lastimar a otros.

A pesar de que muchas mamás primerizas podrían tener que enfrentar alguno de estos síntomas en alguna ocasión, padecerlos constantemente durante más de dos semanas y descubrir que interfieren con la vida diaria son signos de una verdadera depresión posparto.

¿Qué provoca la depresión posparto y quién está en riesgo?

Los cambios hormonales durante el embarazo y después del parto son un importante factor agravante de la depresión posparto, dice la Dra. Cora. Los antecedentes de enfermedad mental y aislamiento social también pueden aumentar el riesgo de sufrirla.

Un estudio realizado en 2012 por investigadores de la Ohio State University indica que el estrés crónico también puede provocar o aumentar los síntomas de depresión posparto. De eso se dio cuenta Madeleine Pérez cuando dio a luz a su hijo. Madeline tuvo un embarazo difícil: diabetes gestacional, migrañas oculares espantosas y una afección de la tiroides. El parto de emergencia de su hijo por cesárea dejó a esta madre de Los Ángeles con complicaciones relacionadas con la cicatriz de la cesárea. La salud mental de Madeleine se deterioró poco después. “El problema fue que gasté tanta energía en superar el embarazo que no me quedó nada para después del parto”, explica. (Cuidar a un bebé, sobre todo después de un embarazo difícil, puede ser abrumador. Si quiere saber qué ocurre después, lea “5 cosas que nadie me dijo sobre cómo es la vida con un recién nacido”).

Distintas mujeres, distintas historias

Aunque muchas mujeres observan síntomas similares mientras enfrentan la depresión posparto, no hay dos experiencias idénticas. Los episodios de llanto de Raivon Lee dominaron su vida después de que llevara a su hijo a casa. “Solía estar sentada en la cama, o en el asiento trasero del auto con el bebé y me corrían las lágrimas”, dijo esta mamá de Atlanta. “No entendía por qué. Fue sumamente confuso, como si la mente y el cuerpo no estuvieran conectados”. También le preocupaba ser un “fracaso” como madre y estaba obsesionada con los malos hábitos de sueño de su hijo. “Me repetía a mí misma: 'Él o yo debemos tener algún problema'”. (Vea la historia de Raivon a continuación).

Cuando lo trajimos a casa por primera vez, estaba muy emocionada. Lloraba y estaba muy ansiosa. No dejaba que nadie más me ayudara a cuidarlo.

Ya había escuchado hablar sobre la depresión posparto, pero si hubiera sabido que es una de las complicaciones más habituales del parto, no me habría sentido un fracaso como madre.

El estigma asociado con la depresión posparto hace que muchas personas sigan enfermas. Traté de enfrentarlo, pero no pude más.

Después de hablar con mi esposo, comencé a asistir a un grupo de apoyo local. Nunca olvidaré la primera sensación de sorpresa. Es decir, hay muchas mujeres que están pasando por esto. La depresión posparto es muy grave y está bien obtener ayuda. Se puede mejorar. Me llamo Raivon Lee y soy mamá.

Raivon Lee es miembro de Aetna y nos permitió contar su historia.

Jessica Smock, quien padeció depresión prenatal (la que ocurre durante el embarazo) y, también, depresión posparto, descubrió que la ira irracional, con frecuencia, la hacía llorar. Otra mamá, de Orchard Park, Nueva York, rompía en llanto, por ejemplo, si su esposo llegaba tarde a casa del trabajo. La privación de sueño que padeció no ayudó. “No podía dormirme cuando el bebé dormía, ni de noche ni de día. Y ahí me daba cuenta de que el día siguiente sería terrible”, dice Smock, quien más tarde coeditó Mothering Through the Darkness, una antología sobre la depresión posparto.

Lynn Shattuck, de Falmouth, Maine, además de enfrentar la dificultad para poder conciliar el sueño también tuvo que luchar contra pensamientos intrusivos e inquietantes. “Por la cabeza me pasaban imágenes en las que lastimaba a mi hijo, por ejemplo, lo tiraba por la ventana. No podía controlar los pensamientos”, relata. Aunque Lynn nunca actuó en función de esos pensamientos, la hicieron sentirse muy mal. “¡¿Qué clase de madre piensa semejante cosa?!”, dice. (Las mujeres que se sienten obligadas a actuar en función de pensamientos de hacerse daño o dañar a otras personas podrían tener psicosis posparto, una forma rara pero grave de enfermedad mental, y deben buscar ayuda de inmediato).

Mientras lidian con la falta de sueño y la vergüenza, entre otras cosas, es posible que las madres con depresión posparto tengan dificultades para establecer vínculos con sus bebés. Nicole Hayward, de Glen Rock, Nueva Jersey, dice que no le hablaba mucho a su bebé. “Sentía que era un extraño que solo hacía caca, lloraba, y nunca estaba feliz”, recuerda. Mientras tanto, Madeleine muchas veces evitaba estar en la misma habitación que el bebé y se aislaba en su dormitorio.

Obtener ayuda

La depresión posparto no desaparece automáticamente con el tiempo, por lo que es importante detectar el trastorno y buscar tratamiento. En muchos casos, el obstetra/ginecólogo es la primera línea de defensa para detectar y ayudar a las pacientes a encontrar recursos. Pero cualquier persona que pase mucho tiempo con una madre primeriza puede reconocer las señales de alerta y ofrecer apoyo, como acompañarla a las citas.

“Obtener ayuda lo antes posible es fundamental”, dice la Dra. Cora. ”Igual que con cualquier otro problema médico, cuanto antes busque ayuda, menos grave será la enfermedad y más rápida la recuperación”, dice. El tratamiento varía según la persona y puede incluir medicamentos y psicoterapia. Muchos miembros de Aetna que no pueden ir al consultorio del médico, o no están seguros de a quién recurrir, pueden obtener ayuda de asesores de forma remota, a través de los servicios de televideo para salud del comportamiento de Aetna.

Algunas mamás encuentran que una mayor interacción social también ayuda. La soledad de Nicole se desvaneció cuando volvió a trabajar. Raivon atribuye su recuperación en gran medida a los medicamentos, pero también le sirvió unirse a un grupo de apoyo para la depresión posparto. “Nunca olvidaré esa primera [sensación] de 'Qué increíble, hay muchas mujeres que están pasando por esto'”, dice Raivon, que ahora es madre de dos hijos y que narra su vida familiar en su propio blog, “Vain Mommy”. Ella comparte su historia para dar esperanza a otras mamás primerizas. “La depresión posparto es muy grave, pero es posible recuperarse”, dice.

Sobre la autora

Alice Gomstyn es bloguera sobre crianza y periodista comercial veterana. Se confiesa adicta al azúcar, pero planea reducir el consumo de dulces y comenzar a comer vegetales como nunca lo ha hecho. ¡Vamos por el brócoli!

Para miembros de Aetna

En nuestro Centro de Asistencia para la Maternidad obtendrá ayuda. Inicie sesión en el portal para miembros en Aetna.com/maternity.