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Un día en la salud de Katie Cavuto, una nutricionista de Filadelfia

Christina Joseph Por Christina Joseph

Sobre la mesa del comedor de la casa que Katie Cavuto comparte con su esposa Ashli y su hijo de 6 años, Hudson, en Filadelfia, hay un “frasco de gratitud”. Cada vez que tienen ganas, escriben notas sobre cosas por las que están agradecidos. Al final del año, la familia lee las notas juntos y recuerdan todas las cosas buenas que tienen en sus vidas. Esta costumbre surgió como parte del objetivo de esta ocupada madre, cocinera y nutricionista de 38 años de disfrutar cada día de su vida.

Katie ha recorrido un largo camino hasta llegar a este lugar. Hace cuatro años, le diagnosticaron la enfermedad de Lyme, lo que la ayudó a volver a enfocarse en sus ideas sobre bienestar. Llevar una vida saludable no solo se trata de lo que comemos, dice, sino también de la forma en la que vemos los desafíos de la vida y de nuestra capacidad para incorporar la gratitud y la conciencia en nuestra experiencia diaria. En su blog, Nourish.Breathe.Thrive., comparte más información sobre su filosofía de bienestar.

Katie integra estos principios en su consultorio privado, donde los clientes incluyen desde pacientes con cáncer de mama hasta deportistas profesionales. Además de brindar orientación alimenticia, enseña el poder de tener intenciones positivas. Para Katie, eso significa priorizar sus necesidades físicas y emocionales, de modo que pueda llevar una mejor vida como una “persona que está bien”, a pesar de su enfermedad.

¿Cómo es un día normal en la vida de la ex finalista de The Next Food Network Star y de qué manera trabaja para lograr sus objetivos de salud?

6:30 a. m. Mis mañanas suelen ser un poco aceleradas, pero trato de tomarme algunos minutos antes de levantarme para respirar y ordenar mis pensamientos. Si ya comienzas el día preocupado, ese sentimiento negativo te controlará durante todo el día. Por lo tanto, me levanto con afirmaciones positivas y, luego, arranco el día corriendo con mi niño.

Aún tengo días difíciles, pero son muchos menos que los que solía tener. Lo más importante es que ya no me aferro al miedo. Solía castigarme durante los días malos, y eso no me hacía bien. Ahora, puedo decirme “Esto pasará” con cariño. Todo está bien, estoy bien.

7:00 a. m. Nos vestimos y preparamos el desayuno. Bebo agua tibia con limón para comenzar el día, ya que esto despierta mi digestión de una manera suave. Mi desayuno para llevar consta de dos sustanciosas rodajas de pan libre de gluten con mantequilla de maní y una fruta cortada. Si deseo comer algo reconfortante, le agrego un poco de mantequilla salada ecológica. Eso es mi nirvana.  Es importante saborear los alimentos que amamos mientras somos conscientes de que debemos nutrir el cuerpo. Estos son actos de amor propio y respeto a uno mismo. También bebo una pequeña taza de café; soy realmente sensible a la cafeína, pero amo el sabor.

8:30 a. m. Después de dejar a Hudson en la escuela, me dirijo al consultorio, que queda cerca de mi hogar en el centro de la ciudad, o me reúno con un cliente. Una de las cosas que me gusta hacer con mis pacientes que padecen cáncer de mama es ir de compras a la tienda de comestibles. Luego, regresamos a su hogar y cocinamos juntos. Para volver a disfrutar de cocinar y comer, es necesario involucrar los sentidos, como el modo en que los ingredientes se sienten en las manos, el sonido de un cuchillo en la tabla para cortar, el chisporroteo del ajo y las cebollas al entrar en contacto con el aceite en una sartén caliente, y los aromas celestiales; todo eso antes de que la comida incluso llegue a la boca.

“El desayuno tiene una mala reputación entre las personas. Yo lo veo como un vehículo para consumir ingredientes nutritivos”.

10:30 a. m. Bebo sorbos de agua toda la mañana y es posible que coma algunos frutos secos si tengo hambre. Nunca tomo un tentempié simplemente por el hecho de comer algo. Esto es realmente importante. A mis clientes les enseño a ser intuitivos respecto de las necesidades del cuerpo. Esto ayuda a cambiar la forma en la que piensan sobre la comida.

12:00 p. m. Incluso cuando estoy a las corridas, nunca omito ninguna comida. Suelo comer alimentos de cena durante el almuerzo, ya que generalmente son alimentos integrales, como vegetales, granos integrales y proteínas magras. Los alimentos integrales son más ricos en nutrientes que sus equivalentes refinados y procesados. Mi almuerzo para llevar incluye arroz o quínoa con un vegetal, como coles de Bruselas o judías verdes, y unos gramos de pollo o pescado.

No estoy a favor de la privación en absoluto. Establecer un objetivo para comer menos alimentos procesados parece un castigo. Es más divertido enfocarse en qué puede agregarle al plato. Además, cuando se agregan más ingredientes nutritivos, es natural que se desplacen algunas de las opciones menos nutritivas.

1:00 p. m. Respondo los mensajes de mis clientes, y escribo artículos para mi blog y otras publicaciones. También soy la nutricionista del equipo de béisbol Philadelphia Phillies, y paso mucho tiempo asesorando a los jugadores y planificando sus comidas. Ya sea que trabaje con uno de mis pacientes con cáncer de mama o con un deportista profesional, implemento la misma filosofía: comemos para nutrir el cuerpo.

A Katie Cavuto le gusta reírse y disfruta de la nutrición

6:00 p. m. Me encanta usar el horno, porque los alimentos se cocinan solos. Solo programo el temporizador y, luego, puedo pasar tiempo con Hudson. Esta noche, prepararé uno de nuestros platos básicos semanales: muslos de pollo al horno con pimentón ahumado, orégano y batatas horneadas. Cenamos a las 6:30 p. m.; luego, nos bañamos y leemos libros juntos. Hudson se acuesta a las 8:00 p. m. en punto.

8:00 p. m. Después de acostar a Hudson, me tomo 30 minutos para mí. Me voy a mi habitación y hago una meditación o una serie de yoga de 30 minutos. Puede consistir simplemente en hacer la postura del niño y respirar para tranquilizar la mente. Este es mi momento de relajación, cuando me conecto conmigo misma y vuelvo a recordar las afirmaciones que usé para comenzar el día. Al lado de la cama, tengo mi colchoneta, un almohadón para meditar, una vela, algunos de mis cristales favoritos y un buda tibetano antiguo que me encanta. Es mi lugar de paz.

Algunas noches, siento que estoy más ansiosa. Cuando esto sucede, practico una serie de ejercicios de yoga más vigorosos, salgo a correr o descargo toda la energía en el pequeño trampolín de Hudson.

Lo más importante que aprendí de tener una enfermedad crónica es cuán debilitante puede ser el hecho de considerarte una persona enferma. Te agota mentalmente. Para mí, el punto de inflexión se dio cuando comencé a asociarme con el hecho de estar bien, incluso aunque tuviera que fingirlo hasta lograrlo. Eso no significa que no me cuido ni que no respeto las necesidades de mi cuerpo. Se trata de elegir estar en un lugar positivo.

8:30 p. m. Este es el momento que comparto con Ash, donde nos ponemos al tanto del día que pasamos y nos relajamos juntas. Conversamos o miramos televisión. Nos acostamos entre las 9:30 p. m. y las 10:00 p. m. en punto. Soy muy respetuosa de mis horas de sueño, por lo que soy consciente de los tipos de programas que miro, ya que a las 8:30 de la noche se trata de empezar a relajarse.

Katie, cuya ambición de salud es disfrutar de cada día, cree que la adopción de una actitud positiva es una parte importante del proceso de recuperación. Si está presente en el momento, viviendo esas experiencias con familiares, pacientes y comida, los sentimientos negativos desaparecen. Y está agradecida por eso.

Sobre la autora

Christina Joseph Robinson es una editora y escritora veterana de Nueva Jersey a quien todavía le encanta leer el periódico a la antigua. Tiene dos hijas a las que intenta inculcarles la importancia de comer frutas y verduras y, de este modo, lograr un equilibrio con todas las golosinas que les compra la abuela. El objetivo de salud de Christina es reanudar su rutina de ejercicios después de haberla abandonado por lesiones.