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Cómo el temor a padecer melanoma, y un excelente dermatólogo, me hicieron ser más consciente respecto del cuidado de la piel

Russ_Banham Por Russ Banham

Durante mi control anual, el médico notó que tenía un lunar con una forma extraña y un tamaño preocupante en la espalda. “Pídele a tu esposa que le eche un vistazo cada tanto para asegurarse de que no cambia”, me indicó. Estaba bastante seguro de que no era simplemente un lunar.

Cuando hablaba de “cambio”, se refería a un aumento del tamaño o la altura, la aparición de bordes asimétricos, la alteración del color o la transformación en algo que en ese momento no era. Si no lo hubiese tenido perdido en el medio de la espalda, me lo hubiera controlado yo mismo. Mi vida estaba en manos de mi esposa, por lo que se lo dije. ¿Estaba preocupado? Sí, un poco. Mi padre y mi tía tuvieron cáncer de piel.

También soy parte de la generación de niños cuyas madres nos imploraban que saliéramos al aire libre y disfrutáramos de la luz del sol. Si alguien tenía la piel muy pálida, era considerado un recluso, es decir, una persona con pocas aptitudes atléticas que leía historietas de Archie dentro de su casa todo el tiempo. Como adolescentes que crecimos en Queens, Nueva York, con mis amigos disfrutábamos de los veranos en Jones Beach, donde apreciábamos las olas (sí, seguro) por horas. En los días más calurosos de agosto, usaba un par de jeans cortados y anteojos de sol, sin camiseta ni zapatos. El sol me quemaba la mayor parte del cuerpo hasta el punto en que me ardía. Era un blanco perfecto para la radiación solar, y acumulé más quemaduras solares de las que puedo contar.

Soy parte de la generación de niños cuyas madres nos imploraban que saliéramos al aire libre y disfrutáramos de la luz del sol.

Después de un mes observando mi particular lunar, mi esposa se rindió. “No puedo darme cuenta de si está cambiando”, dijo Jenny. “Me pides demasiado”.

¿Quién podría culparla? No era médica. Por lo tanto, me comuniqué con un dermatólogo que me recomendó un amigo.

Will Kirby, DO, es una celebridad local en Los Ángeles, que es donde vivo. Will ganó la competencia Gran Hermano en 2001, lo que le permitió tener suficiente dinero como para terminar su capacitación médica. Cuando era joven, le extirparon un carcinoma basocelular (un tipo de cáncer de piel) de la pierna, lo que determinó el rumbo de su vida. Will miró el lunar en mi espalda y dijo “No se ve bien”. Extrajo un pedazo de tejido y realizó una biopsia. El diagnóstico: era un nevo displásico, un precursor del melanoma, un tipo de cáncer de piel. Un nevo es un lunar; displásico significa anormal.

Unos día después, el Dr. Kirby me extirpó más tejido del lugar donde tenía el lunar y, luego, me realizó una sutura recta de dos pulgadas de largo. Tres meses más tarde, echó un vistazo y le gustó lo que vio. “No hay nada de que preocuparse”, dijo.

Desde entonces, el Dr. Kirby y yo somos amigos. Por lo general, esto es común entre un paciente con cáncer de piel y su dermatólogo. Durante los dos años siguientes, visité su consultorio cada tres meses. El Dr. Kirby me analizó cada parte del cuerpo y, lapicera en mano, marcó con un círculo los lunares sospechosos. A la fecha, después de ocho años de consultas, me extirparon tres nevos displásicos más, así como muchos otros lunares antes de que pudieran empeorar. “Eso es lo que hacemos aquí: extirpamos todo lo que pueda llegar al cáncer todas las veces que sea necesario”, dijo el Dr. Kirby cuando lo llamé para hacerle una entrevista. “La clave está en estar alerta. Cuanto antes lo extirpemos, mejor será el resultado”.

Hasta el momento, todo salió muy bien: ninguno de los tres tipos de cáncer de piel que presenté ingresó al delicado territorio de la etapa 2.  Incluso me sometí a un procedimiento tópico en el rostro, donde tenía varios cortes, para reducir el riesgo de padecer cáncer en el futuro. El medicamento contenía una sustancia llamada "mebutato de ingenol", la cual se utiliza para matar las células anormales que causan cáncer de piel. Tuve el rostro como una pelota de fútbol desinflada durante una semana, hasta que la piel muerta se cayó. Me prometieron un rostro libre de cáncer por al menos cinco años, momento en el que volveré a someterme al mismo procedimiento.

Ahora, este es mi futuro. Sin duda, soy culpable por haberme expuesto al sol cuando era joven. A pesar de que me pongo protector solar con factor de protección (FPS) de 50 todas las mañanas y uso sombrero si salgo a caminar o paso algún fin de semana en una playa de Malibú, nunca dejaré de sentir los efectos de las quemaduras con ampollas de mi juventud. Siempre me aparecerán lunares de aspecto extraño. El Dr. Kirby me los extirpará rápidamente cuando deba hacerlo. Se ha convertido en mi hermano mayor más joven, quien me cuidará de por vida.

Si se lo detecta y se trata a tiempo, la tasa de supervivencia estimada a 5 años para el melanoma es del 99 %. Sin embargo, los nuevos tratamientos ofrecen esperanzas incluso para los casos avanzados. En 2015, el expresidente Jimmy Carter, que tenía 91 años, venció a un melanoma metastásico que se había diseminado al hígado y al cerebro. Pídale a su médico de atención primaria que le realice un examen de detección del cáncer de piel durante su próxima evaluación física.  Los miembros de Aetna tienen acceso al servicio de Dermatología de Teladoc®, el cual les permite cargar fotografías de lunares preocupantes a través de su computadora, tableta o teléfono inteligente. Un dermatólogo le responderá dentro de dos días.

Teladoc es una marca registrada de Teladoc, Inc.
 

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Sobre la autora

Russ Banham es un periodista nominado al Premio Pulitzer y autor de más de dos docenas de libros, incluido su último libro llamado Higher.

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